Mirar el territorio de espalda al mar: Urgencia Sanitaria en Valparaíso

Incidencia

En Chile la crisis sanitaria actual es cada vez más aguda y, tal como se ha evidenciado en las últimas semanas, afecta en mayor medida a la población más vulnerable. La falta de oportunidades de acceso a bienes públicos urbanos (de los cuales el más evidente y urgente ha sido el acceso a la salud), los bajos ingresos de los hogares y el hacinamiento son sin duda factores que inciden en que no todas las personas se enfrenten a la crisis de igual manera. Si bien las autoridades han tomado medidas de mitigación frente al riesgo de contagio por COVID-19 dentro de las cuales el distanciamiento social, la cuarentena obligatoria y los cordones sanitarios son probablemente las más eficaces, estas no han sido decretadas para todas las comunas a nivel nacional pese a que hay algunas con altos niveles de urgencia.

El estado actual de la región de Valparaíso, territorio en el que recientemente fue declarada cuarentena en las comunas de Valparaíso y Viña del Mar, es crítico. Tal como señala el Informe Epidemiológico publicado por el Ministerio de Salud el 8 de junio, la región de Valparaíso tiene 5.149 casos confirmados, 85 personas fallecidas y una tasa de letalidad –es decir, la cantidad de gente que ha muerto por COVID-19 respecto al total de infectados– que alcanza el 1,7%, la tercera cifra más alta del país después de la región de Los Ríos (1,9%) y O’Higgins (1,8%). Si a esto le sumamos que en el Área Metropolitana de Valparaíso la vulnerabilidad de la población es alta, las consecuencias de la pandemia se agravan aún más: los bajos ingresos de los hogares, las condiciones de hacinamiento con las que vive gran parte de la población y la baja oferta de equipamientos de salud, particularmente hospitales de alta complejidad que estén disponibles para atender a la población local son cruciales para entender la urgencia.

Un ámbito de la vulnerabilidad de la región es la pobreza, según el último informe de Desarrollo Social (2019) del Ministerio de Desarrollo Social y Familia, el 7,1% de la población en Valparaíso vive bajo la línea de la pobreza y el 1,6% bajo la línea de pobreza extrema por ingresos (ver imagen nº1)

Por otra parte, la vulnerabilidad se refleja en la precariedad habitacional que viven muchas familias en la región. Según el Catastro Nacional de Campamentos del Ministerio de Vivienda y Urbanismo (2019), en la Región de Valparaíso hay 181 campamentos, en los cuales viven 11.228 hogares y 26.266 personas. Asimismo, hay muchas familias que hoy habitan en viviendas que no cumplen con las condiciones mínimas de habitabilidad lo cual se evidencia con que el déficit habitacional cuantitativo en la región sea de 34.615 viviendas según los datos del Censo 2017 (ver Imagen nº2)

Pese a que en reiteradas ocasiones muchas organizaciones de la sociedad civil hemos demostrado con datos que la pobreza y el hacinamiento son dos grandes problemas que hoy, en medio de la pandemia, significan que el grado de vulnerabilidad social sea mayor para las personas que viven bajo estas condiciones, las autoridades han demostrado ignorar estas problemáticas a la hora de tomar decisiones. Frente a esto, desde Fundación Vivienda no podemos dejar de insistir:

  • En Chile 377.572 hogares viven hacinados. Esto quiere decir que hay 377.572 hogares en los que hay desde 2,5 e incluso (en los casos más críticos) 5 o más personas por dormitorio de uso exclusivo. El hacinamiento, incluso antes de la pandemia, es un problema que la política habitacional actual no ha logrado resolver y que trae consecuencias negativas que evidentemente significan un deterioro en la calidad de vida de las personas (como, por ejemplo, problemas de higiene y de privacidad, etc.).
  • Según datos del Censo 2017, en la región de Valparaíso, hay 28.005 hogares que viven hacinados y 139.400 personas viven a diario en esta situación. A escala de vivienda, en la región hay 30.682 viviendas que tienen hacinamiento medio­ y 2.766 viviendas con hacinamiento crítico (ver imagen nº3).

En el contexto actual de la pandemia, vivir en hacinamiento significa que hay personas que no disponen de las condiciones mínimas para cumplir con el distanciamiento social requerido: no contar con el espacio óptimo se traduce en que para algunas familias sea imposible cumplir con las medidas de aislamiento requeridas, entonces basta con que un integrante de esta esté contagiado para que el resto de los y las personas que comparten una misma vivienda estén en riesgo. Como consecuencia, los niveles de vulnerabilidad se vuelven muy altos para las personas y principalmente para los adultos y adultas mayores quienes constituyen parte la población de mayor riesgo frente a COVID-19. Los y las adultos mayores son actores claves en las redes de apoyo familiares, puesto que son quienes en muchos casos se hacen cargo del cuidado de los niños y niñas en familias encabezadas de manera monoparental. El hacinamiento sin duda acentúa la vulnerabilidad de esta población (ver imagen nº4), más aún si la vivienda no cuenta con las condiciones adecuadas para poder aislarlos del resto de los integrantes de la familia, por ejemplo, de otros adultos y/o de niños que puedan ser portadores del virus y posiblemente puedan contagiarlos.

De la mano con esto, desde nuestra experiencia en el trabajo que hace más de un año hemos estado haciendo en el contexto del proyecto “Un nuevo hogar para aprender y vivir” con 134 niños y niñas y 85 hogares pertenecientes a cinco escuelas municipales de la comuna de Valparaíso (San Judas Tadeo, Reino de Suecia, Jorge Alessandri, Diego Portales y Joaquín Edwards Bello) que viven contextos de alta vulnerabilidad, reconocemos la importancia de considerar también a los NNA como parte de la población más vulnerables en contexto de la pandemia. Las brechas educativas que han estado en la discusión pública, se hacen más evidentes hoy. El acceso de los NNA a tener una continuidad mínimas en el proceso educativo, se ve vulnerada porque, por un lado, las familias no cuentan con los recursos materiales y tecnológicos para asegurarlo y, por otro, las escuelas a las que asisten regularmente se encuentran cerradas de manera preventiva.

Si bien estas últimas pese a todas las precariedades con las que trabajan a diario buscan asegurar que los procesos educativos de los NNA sean los adecuados, cumpliendo un rol principal como garantes de derechos: entregando alimentación, disponiendo de los implementos mínimos necesarios (como sillas y escritorios) y asegurando espacios dignos y adecuados para estudiar. En medio de la crisis actual, las escuelas no pueden cumplir con este rol y, a su vez, los NNA no pueden cumplir con los curriculums escolares requeridos por el Ministerio de Educación porque en sus viviendas no cuentan con las condiciones mínimas que  se necesitan para estudiar. El contexto de vulnerabilidad se acentúa además porque el cumplimiento de las tareas recae nuevamente en la responsabilidad de los NNA, lo cual evidentemente aumenta las brechas por las características de las viviendas y la accesibilidad a tecnologías, por ejemplo, a internet.

El diagnóstico del proyecto “Un nuevo hogar para aprender y vivir” evidencia que el 40% de los NNA habitan en viviendas irrecuperables construidas con materiales precarios; la gran mayoría en condiciones de hacinamiento medio y crítico y en condiciones de saneamiento (disponibilidad de agua y servicio higiénico) deficitarias. Sumado a todo esto, los NNA que viven en estas condiciones de precariedad habitacional no tienen un lugar dentro de sus viviendas para poder estudiar, ni mucho menos computadores y acceso a red fija de internet ¿Cómo se espera entonces que estudien de manera remota?

Ahora, que Valparaíso y Viña del Mar entraron en cuarentena obligatoria, es primordial que se aseguren derechos sociales mínimos para que las personas puedan cumplir la cuarentena dignamente. Para esto es necesario que el Estado, junto con el gobierno local, diseñen medidas con el fin de: asegurar la alimentación para las familias más vulnerables; dar respuesta a los requerimientos mínimos para que los NNA puedan estudiar de manera remota (gestión de materiales y guías de estudio); dar acceso oportuno y eficiente a atención de salud para la población de riesgo (adultos mayores y enfermos crónicos); disponer de  albergues transitorios para la población que vive en condiciones de hacinamiento medio y crítico priorizándola según niveles de urgencia (adultos mayores, mujeres que sufren violencia intrafamiliar, etc.); y agilizar y potenciar respuestas eficientes frente a la emergencia, como las que ofrecen el Programa de Emergencia Habitacional de Fundación Vivienda, así como otras iniciativas de las organizaciones de la sociedad civil.

Otras perspectivas

Josse van der Rest SJ (1924-2020)

Lamentamos comunicar el reciente fallecimiento del padre Josse Van der Rest SJ (1924 – 2020), fundador de Fundación Vivienda y colaborador incansable del Hogar de Cristo por más de 50 años.

Por una ciudad justa

Habitar es vivir
en dignidad

Share This